Selva Almada: campo y pobreza en Argentina | #MYNCHEN – 2

Selva Almada sobre el campo y la pobreza: en un relato que va del pasado al presente, la autora argentina retoma experiencias de su familia y nos cuenta la vida rural en el centro este de la Argentina, marcada por la pobreza y el trabajo duro. La población de esas zonas sigue estando expuesta a la precariedad, porque el campo siempre es de otros. El texto para Ciudad-Campo-Dinero fue escrito por encargo de la Monacensia y traducido al alemán por Silke Kleemann.

Sonnenuntergang in Entre Ríos (c) Lilian Almada
Atardecer en Entre Ríos (c) Lilian Almada

Selva Almada: El campo siempre ajeno

Patrón, esa sombra carne al sol que le rotura,
con sueldo enano, su tierra oscura;
patrón, y que usté disfruta,
ahí va su peón.

Alfredo Zitarrosa, “Vea patrón”

Tanto mis abuelos materno como paterno son de procedencia campesina, nacidos y criados en la provincia de Entre Ríos, en el centro este de Argentina, el padre de mi mamá, fue peón de campo durante su juventud y mientras sus hijos fueron pequeños. Hasta el día de hoy mi mamá habla de cuando vivían en la estancia de los Castro, pobremente, con muchas necesidades porque así vivían los peones rurales en los años cincuenta y siguen viviendo miserablemente hoy en día. Luego, quizá cuando los mayores comenzaron la escuela, se instalaron en Villa Elisa, un pueblo pequeño en la misma provincia, el pueblo donde muchos años después nacería yo, cuando mi madre fuera una mujer, y mi hermano tuviera cinco años y mi hermana aún no hubiera nacido.

Jorge, el padre de mi papá, vivió en el campo hasta los sesenta y pico de años. Sin embargo mi padre no se crió allí, sino con unas tías, en la ciudad. Mi abuela murió cuando mi papá era un niño pequeño y mi abuelo formó otra familia, con una mujer también campesina. Eran campesinos pobres: un pedazo de tierra propia en la que sembraban maíz y sorgo, unos pocos animales: vacas para tomar su leche, cerdos para carnear y hacer embutidos, gallinas para tener huevos frescos y un guiso suculento cuando la gallina se hacía vieja y ya no podía poner más.

Außenkochstelle auf dem Land in Argentinien (c) Lilian Almada
Cocina al aire libre (c) Lilian Almada

En mi familia el campo siempre estuvo asociado a las estrecheces económicas, a una pobreza que en el caso del abuelo Jorge revestía cierta dignidad pues habitaba y trabajaba una tierra que le pertenecía (aunque eso no lo hacía menos pobre). Y en el caso del abuelo Antonio asociado a una relación de dependencia en la que hasta un patrón justo (al parecer Castro lo era) no alcanzaba a darle una vida más o menos confortable al peón y a su familia.

En mi familia el campo siempre estuvo asociado a las estrecheces económicas, a una pobreza que en el caso del abuelo Jorge revestía cierta dignidad pues habitaba y trabajaba una tierra que le pertenecía.

A mí, de chica, me gustaba ir al campo. Mis tías eran adolescentes. Apenas tuvieron la edad se mudaron al pueblo a trabajar de mucamas y vivían a veces en las casas de sus patronas y a veces en mi casa. Quedarse en el campo, en la década del ochenta, no era una opción apetecible para una chica veinteañera. Las primas de mis tías, que eran mayores que ellas, se habían quedado y allí estaban envejeciendo y engordando solas en los días interminables de la vida campestre: mis tías no querían eso para ellas. Tampoco un marido campesino.

Algunos fines de semana volvían a ver a mis abuelos y yo iba con ellas. Había algo detenido en esos días o, mejor dicho, en esa vida, como si flotáramos en un ocio eterno. Me recuerdo abajo de los árboles con mis tías y mi abuela escuchando la radio en el sopor de la siesta. Ellas con un perro o un gato cada una, en su falda, buscándoles pulgas. Les encantaba espulgar a las mascotas. De vez en cuando el chasquido de una pulga reventando entre sus uñas.

Das Landleben erkunden (c) Lilian Almada
Explorando el campo (c) Lilian Almada

Dormíamos todos juntos en una misma gran habitación. El rancho sólo tenía ese dormitorio y una cocina también grande. El resto transcurría en un corredor abierto. La letrina estaba a unos treinta metros de la casa, escondida entre unos árboles. Si me daban ganas de hacer pis de noche, me acompañaban mis tías pero nunca llegábamos hasta el baño, apenas salíamos del jardín y hacíamos entre los pastos.

No había luz eléctrica, ni gas. El abuelo cocinaba en una cocina a leña y hacía el pan en un horno de barro. Al pan lo hacía con masa madre. El sabor agrio del pan no me gustaba. Mis tías, criadas con ese pan, también preferían el industrial de las panaderías del pueblo. Me da un poco de gracia porque ahora en Argentina, el pan de masa madre es el rey.

Todo en el campo parecía atrasar; aun comparado con un pueblo pequeño como el mío. Aun un pueblo chico, con su modernidad limitada (luz eléctrica, gas envasado y televisión en blanco y negro) era mucho más atractivo que quedarse en el campo.

Los que siempre fueron dueños de la tierra, se quedaron con más tierra, con esos pedazos de suelo que el campesinado pobre se vio obligado a vender.

En algún momento mi abuelo vendió su campito. Me imagino que ante la insistencia de las hijas que preferían tener a sus padres cerca porque estaban envejeciendo e ir a cuidarlos al campo hubiera sido más difícil. Y porque ahí donde vivían no había hospitales ni manera de atender una urgencia. Si ese tipo de vida rural siempre había sido sufrida, cuando se es viejo es peor. Envejecer siempre es peor en cualquier parte, por otro lado. Así como mi abuelo vendió, mucha otra gente de la zona hizo lo mismo. De a poco todos se fueron mudando al pueblo.

Esto fue a principios de los años noventa, la década donde el empobrecimiento del país empezó a volverse irreversible. Otros campesinos pobres emigraron a Buenos Aires, a vivir hacinados en las villas, a buscar trabajo que no había para ellos ni para nadie. Los que siempre fueron dueños de la tierra, se quedaron con más tierra, con esos pedazos de suelo que el campesinado pobre se vio obligado a vender.

El campo sigue siendo duro y hostil para los pobres aun en 2021. O quizá no debería decir el campo, sino: los dueños del campo. En febrero de este año se realizó un allanamiento en una finca de 13.000 hectáreas ubicada en Santiago del Estero, al norte de Argentina. Rescataron a diecisiete personas que estaban trabajando en condiciones de semi esclavitud, sin agua potable, viviendo en carpas hechas con pedazos de nylon, cobrando menos que la mitad del sueldo mínimo. En el lugar también se explotaba a los niños, hijos de esos trabajadores y trabajadoras, obligados a abandonar la escuela para trabajar junto a sus padres.

El texto de Selva Almada fue traducido al alemán por Silke Kleemann:

Selva Almada: Land und Armut in Argentinien | #MYNCHEN – 2

Selva Almada (1973, Villa Elisa, Argentina) es una de las voces más potentes de la literatura latinoamericana actual. Se crió en un pueblo de la provincia Entre Ríos, en el centro este de Argentina, vivió muchos años en Buenos Aires y hace poco volvió a mudarse al campo. Uno de sus temas principales es la violencia en el campo, particularmente la violencia contra las mujeres. Almada escribe poesía, relatos y novelas. En 2007 se publicó un libro de cuentos con el programático título Una chica de provincia. Su novela documental Chicas muertas (2014), sobre femicidios en la Argentina, fue finalista del Premio Rodolfo Walsh y Ladrilleros, del Premio Tigre Juan. Su última novela, No es un río, está actualmente entre las finalistas del Premio Vargas Llosa, uno de los premios mejor remunerados de literatura en español. Sus libros están traducidos a muchos idiomas.

Die argentinische Schriftstellerin Selva Almada, Foto © Vale Fiorini
Selva Almada © Vale Fiorini

Ciudad – Campo – Dinero #MYNCHEN

¿Cuánto cuesta la ciudad? ¿Y cuánto el campo? No sólo en sentido económico, sino también en sentido social, cultural y psicológico. Las preguntas que nos hacemos con artistas y escritorxs de distintos países en la segunda parte de #MYNCHEN son: ¿ciudad o campo? Y antes que nada, ¿podemos permitirnos esa elección?

Aquí les presentamos a lxs artistas y escritorxs participantes:

Stadt – Land – Geld: Die Stadt im Blick von Kunst & Literatur | #MYNCHEN – 2

Ya publicados:

Un proyecto en el marco del Fondo 360° para culturas de la nueva sociedad urbana.

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